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25 de diciembre de 2006

El desencanto del jingle bells

Tengo un dilema. Cada año me rompen más las pelotas las "fiestas" (entiendase por ellas navidad y año nuevo).

No creo que sea el único. Por lo general, en las vísperas de la navidad alguna gente empieza a manifestar lo que le molesta de las fiestas, pero el 24 de diciembre pareciera como que todo se olvida. De repente estamos todos de nuevo diciendo "felicidades" casi de compromiso a gente que prácticamente no nos interesa si vive o muere.
De hecho hay películas navideñas que basan su argumento la transformación de personas que "no creen en la navidad" o en el "espíritu navideño", por alguna circunstancia extraordinaria que nos "enseña" a todos lo importante de esta maravillosa fecha que debiera unirnos en amor y amistad.

Esta sensación que se hace cada año presente y cada vez con mayor fuerza tiene que ver evidentemente con un desencanto y un sincero cansancio en mí. Una sensación de eterna repetición de los mismos patrones. Es lógico: es una tradición, hay ciertas costumbres que se repiten una y otra vez, año tras año. Pero más alla de eso pareciera como si ese circuito de repeticiones fuera el epicentro de una fuerza centrípeta que hace que todo lo demás se repita en una forma casi maquiavélica.

Todos los años es lo mismo.
Todos los años es el "a dónde vamos el 24? y el 25? y el 31? y el 1?". Todos los años la misma comida. Todo se repite. Se repiten canciones, se repiten saludos, se repiten deseos, se repiten situaciones, climas y temperaturas. Pero después de todo esas son tradiciones y condiciones lógicas que se repitan en fiestas anuales. Pero alrededor de ese centro repetitivo hay otra serie de patrones que se repiten y me enferman.

Todos los años el consumismo se apodera de todos nosotros y vuelven las mismas cosas. Las mismas colas para hacer las compras. Los mismos dilemas para elegir algo que comprarle a la otra persona. Los mismos problemas de plata de la mayoría de la gente. Los mismos malhumores de fin de año mezclados con alegrías sinceras e hipócritas. Es la famosa "época de balances", es decir, volver a pensar en todas las cosas buenas y malas que pasaron durante el año con el consiguiente agotamiento emocional que eso puede producir.


Quilmes saca una nueva propaganda apoyandose en viejos cliches del verano y las fiestas. El resto de las empresas trata de hacer lo mismo con la mayor originalidad posible. Lo cierto es que más allá de las publicidades en sí, siempre subyace el mismo contenido: cliches de cliches.
Estas fechas son siempre buenas excusas para que las empresas apelen a nuestros deseos materiales más escondidos. Lo importante es comprar. Una lógica perversa se esgrime repetidamente en publicidades y conversaciones cotidianas: las fiestas son una época para demostrar el amor, la forma de demostrar cuanto quiere una persona a otra es dándole algo grande, las cosas grandes son caras, entonces si uno realmente quiere a una persona debe gastar la mayor cantidad de dinero posible para demostrar lo que siente.
Son las famosas relaciones de reciprocidad, del don y el contra-don con las que tanto me rompieron las bolas los antropólogos, con la especificidad de que se ven atravesadas por las relaciones propias del capitalismo, con lo cual el fruto de nuestro intercambio es disfrutado por las grandes empresas que se quedan con el producto de nuestro trabajo.

El cine y la televisión tampoco se quedan afuera y las temáticas giran siempre en torno a las fechas festivas. Todas las series hacen sus episodios especiales y volvemos a soportar las mismas películas de todos los años.

Cada familia tiene además sus costumbres propias. En mi caso por haber nacido en una familia protestante muy religiosa hay ciertas cosas particulares que son "clásicos". Los cultos de adviento, los conciertos de navidad, los talleres de navidad, los himnos y canciones navideñas que habremos cantado durante años, etc.

Son muchas las cosas que se repiten. Algunas son buenas, otras malas, algunas es más lógico que se repitan (costumbres, tradiciones, las cosas lindas por las que uno espera esta fecha para poder repetir, etc.) y otras que parecieran moverse meramente por incercia.

Yo estoy cansado. Últimamente esta repetición continua me deja exhausto. Y esto también se suma a otra cuestión no menos importante y que añade peso a esta hinchapelotez que es el cansancio acumulado de todo el año. Llegan estas épocas y uno es como una locomotora tratando de llegar a la cima de una montaña, que cada vez se hace más dificil. Lo único que da esperanzas es pensar en las vacaciones, en llegar a la cima y luego dejarse llevar por la gravedad en el declive. El tema es que (y acá vuelven los factores personales de quien suscribe), si en tus "balances de fin de año" incluís un único final que diste y te bocharon y además por cambiar de laburo te quedaste casi sin vacaciones como un boludo...

En fin. Todo es una gran mezcla de factores: sociales, personales, laborales, familiares, etc. La cuestión es que todos ellos confluyen en una gran sensación de desgano, cansancio y frustración que hace que me rompan soberanamente las pelotas las fiestas y solamente pueda olvidarme de lo miserable de la existencia humana al ver la sonrisa de alguno de mis sobrinitos (momento cursi ganador del blog).

Como siempre me pasa con esto del blog, como le estaba diciendo a MI amigo personal Francisco "te presto Alfoldy subrayado" Soto, empiezo a escribir sobre algo y para cuando termino ya no me acuerdo de qué estaba hablando. No hay forma de darle una coherencia al texto, ni hablar de un desarrollo prolijo y menos de una conclusión.

Bueno, muchas gracias, esto fue el "desencanto del jingle bells" para las Discurrencias de El Barto y espero que les haya gustado.






Foto: Claudio Katz, el Lionel Campoy de la economía científica. Gran economista. Lo banco maaaal.

2 commentarios:

  1. jajaja katz!!!

    yo todavía no me decidí por el no a las fiestas.
    por lo que sí me decidí es por nunca volverme tía abuela, son los personajes más peligrosos de la familia, tienen suficiente alejamiento y proximidad como para decirte casi cualquier cosa.
    tengo uno que todos los años me agarra (porque literalmente deben agarrarla a una de los bracitos) y me dice: ¿vos estudiabas histooooriia? y se larga cíclicamente a contarme del árbol en que no sé qué hizo belgrano, creo que pilló.
    o sino otra tía abuela que mandó (a mis hermanas y a mí): ah pero ya están tomando forma ustedes!
    ...
    no a los tíos abuelos!

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  2. Katz en el blog, chan!!!
    Con respecto a las fiestas.Sí, no me agrada para nada el tema de "compremos esto, esto y esto así nos quedamos en bolas sin un mango, despues".Basta, basta!!!Me dá bronca mi bajón navideño, basta.La hipocresía en la que me sumerjo,,,es un mea culpa esto, como verás, Andrés...Pero bueno, considero que las fiestas, cada vez más consumistas se cagan en el "famoso espíritu navideño"....Y asociandome al comentario de los tíos lejanos pero de opiniones cercanas a uno...basta con eso de "que flaquita que estás!!!"

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